No al consumo sin medida

«Practicar un consumo justo y sostenible durante todo el día es tan sencillo como apagar la luz cuando abandonas una habitación, cerrar el grifo mientras te cepillas los dientes, reciclar y ducharte en lugar de bañarte». Andrea Hernández, delegada de alumnos el curso pasado en el IES Figueras Pacheco de Alicante, ha tomado buena nota de las «pequeñas acciones que ayudan».

Las pautas sobre una economía sostenible que han empezado a llegar a las aulas en forma de charlas semanales, sobre el comercio justo, la banca ética o el uso de recursos sostenibles con el entorno, le han servido de aprendizaje a través de la asignatura de Desarrollo Comunitario que imparte la profesora Carmen Ledesma.

SEgún los datos recogidos por solicitarvidalaboral.net junto con la seguridad social, al margen de la práctica asumida por los estudiantes a base de gestos diarios, entre los que también cita Andrea «no obsesionarse con las grandes cadenas comerciales y comprar solo lo que necesitamos», evitando adquisiciones compulsivas, estos alumnos junto a los de los colegios Ausiàs March de València y Santa María de Vila-real en Castellón, han contribuido a crear un mapa de la Comunidad con puntos de comercio justo, que puede consultarse en la web: pamapampv.org/es.

Cada grupo de alumnos tomó como referencia un establecimiento comercial del entorno para que, sobre encuestas elaboradas previamente, detectaran si se cumplían o no los requisitos de sostenibilidad.

Ropa libre de explotación laboral, productos ecológicos, autogestión y autonomía, integración social, equidad de género, respeto a la naturaleza, a los derechos humanos, usar recursos sostenibles y favorecer el bienestar de los trabajadores, son algunas de las claves a cumplir y que los estudiantes han aprendido gracias al proyecto financiado por la Generalitat con 60.000 euros, de los 75.000 invertidos por las entidades promotoras, las ONG Setem y Acoec.

Para que el mensaje calara de antemano en las aulas, los estudiantes concursan con gominolas y pierden una cada vez que la tarjeta que descubren incluye algún tipo de desigualdad, como la que explica Andrea, sobre una mujer en África que trabaja 20 horas sin recibir nada a cambio. «Es una forma clara y directa que te sensibiliza con los que no reciben lo básico para sus necesidades, a pesar de trabajar, mientras otros compran en exceso», apunta la estudiante.

La técnica de Setem y responsable del proyecto Pam a Pam en la Comunidad, Heidi Gil, explica que los talleres impartidos han llegado a más de 200 alumnos de la Comunidad como el caso de Andrea. «Se pretende que sean capaces de identificar las iniciativas de economía solidaria que tienen en su entorno, porque son ellos mismos los que llevan a cabo el mapeo y recogen la información de los proyectos que se incorporan en el mapa colaborativo».

Ayer por la tarde se presentó en la sede de la UA una guía también didáctica destinada al profesorado para divulgarla en el aula.

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